La Facultad de Derecho en Internet

 

Lucas Liendro Kapustik
Decano
Facultad de Derecho UNLZ

 

El acceso a redes de información vía Internet, es un rasgo incorporado a la cultura académica; no es éste el espacio para valorarlo o polemizar sobre su conveniencia. Existen trabajos de investigación que se ocupan -por ejemplo- del impacto de esta estrategia, en la conformación del conocimiento válido. Pero, así como dejamos que los investigadores hagan su tarea y nos informen los resultados, no podemos negar que en este preciso momento, este mensaje llega a quienes disponen de conexión, y visitan nuestra Facultad en forma virtual.
En el año 1986, cuando la Facultad de Derecho nacía en la UNLZ, disponer de una página WEB hubiera sido considerado por algunos como un proyecto a largo plazo y, por otros, un pasaje de una novela de ciencia ficción; veintiún años después, este hecho está “naturalizado”.
En ese mismo período mientras la tecnología avanzaba, nosotros escribíamos los primeros capítulos de nuestra historia institucional y crecíamos, lo que no hemos dejado de hacer desde entonces.
Quienes accedemos a Internet somos, por momentos de nuestra diaria existencia, sujetos virtuales; formamos parte de comunidades cuyos miembros no siempre conocemos personalmente y con quienes, sin embargo, entablamos debates, intercambiamos información y nos relacionamos con propósitos disímiles.
Esa subjetividad virtual no reemplaza la condición de hombre/mujer, individuo y persona; no homologa en una, todas las definiciones y categorías; por el contrario, enriquece la vocación de precisión en el uso de las palabras y los conceptos -tan necesaria en los estudios de educación superior- e incorpora nuevas dimensiones que generan otros “contratos”, sobre los que el Derecho ya se expide.
No ignoramos el riesgo de ciertas “tentaciones” en el uso de la información general, que inunda la carretera del espacio virtual; tampoco el de sobreabundancia de material que no tiene la profundidad que esperamos,  especialmente para los navegantes más jóvenes; este peligro es una oportunidad para resignificar valores, entre ellos el de la honestidad intelectual, imprescindible en toda acción profesional y cuya ausencia es impensada en el ejercicio de la abogacía.
Habitamos espacios distintos y tiempos vertiginosos. Tiempo y espacio, esas dos categorías que reconocíamos como inseparables, se han distanciado; el espacio puede recorrerse en una fracción de segundo, desaparecen las diferencias entre “allá lejos y aquí mismo”; el poder es extraterritorial y no está atado por el espacio cuyo control se convierte en un arma en la lucha de clases. Estas circunstancias condicionan nuevas relaciones sociales y en ellas y sobre ellas, el Derecho tiene qué decir.   
Lo virtual no es lo opuesto a la realidad; podríamos decir que es una mutación de la identidad, un terreno apto para encontrar nuevas problemáticas que desafían nuestro material de trabajo, como insumo básico de acción sobre el mundo: el conocimiento disponible. En esta Casa, ese conocimiento es principalmente jurídico; se enseña, se investiga, se extiende y se materializa en tantas actividades de aprendizaje como son necesarias para que su posesión se transforme en la condición para obtener el título de abogado. Pero hay otras condiciones para el egreso: la disponibilidad de un pensamiento dinámico con contenido ético, capaz de ponerse al servicio de la única causa que como abogados no debemos perder, y por la cual jamás debemos dejar de abogar: una sociedad más justa, más humana, más próxima al bien público que al éxito personal, porque el distanciamiento de esos dos polos trae consecuencias indeseables.
Desde este espacio virtual, damos la bienvenida a las personas que conocemos y a las que no conocemos, a las que nos conocen y aquellas que aun no; PARA TODOS mantendremos abierto este sitio pero, hacemos saber que la puerta de acceso que muestra el material visual, es la más ancha de todas las que queremos ofrecer; es la de una Facultad que cree que el espacio que deja un egresado debe ser cubierto y replicado por los ingresantes cuantas veces sea necesario y posible; una Facultad que se empeña en que el producto del trabajo sostenido, llegue a las personas que estén dispuestas a estudiar, siendo ésa la única condición de ingreso.