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Lucas Liendro Kapustik
Decano
Facultad de
Derecho UNLZ
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Iniciamos este nuevo período con la inestimable presencia de las autoridades de la Universidad y de sus Unidades Académicas, docentes, no docentes y estudiantes, presencia que agradezco muy especialmente; es una auspiciosa forma de comenzar que evidencia lo que no hace mucho era un propósito, y hoy es una realidad que es preciso destacar: conformamos una comunidad fortalecida por un interés común, defender la universidad pública, gratuita, autónoma y reformista.
Ese propósito devenido en realidad, es un desafío permanente ya que no sería responsable creer que haberlo alcanzado, resulta suficiente para mantenerlo; con esta profunda convicción inicio mi gestión como Decano de nuestra Facultad de Derecho.
La Misión de la Universidad fue analizada, entre otros muchos intelectuales, por Ortega y Gasset; otras miradas menos filosóficas pero igualmente válidas, se concentraron en las funciones, el gobierno, la estructura, la filosofía, la administración, el presupuesto, con el propósito de hacer de la Universidad algo distinto. Durante las dictaduras, quienes emprendieron esa tarea, la sometieron a idénticos crímenes que los cometidos en otras instituciones, socavando su esencia más absoluta. Pero así como el dolor nos marca la memoria, los lamentables hechos de estos días nos recuerdan que ninguna vida más, puede ser el saldo de un reclamo justo; ningún gesto de autoritarismo acallará la voz de los ciudadanos que pretendemos para nuestros hijos, una sociedad más justa. Conservar y resguardar el carácter democrático y pluralista de esta Facultad, y mantener viva la memoria, forma parte del desafío que nos imponemos.
No estoy solo en esta labor, se aglutinan en este mismo acto fuerzas internas y externas que identifico bien. Conocemos los escenarios y enmarcamos nuestro proyecto de gestión en la confianza que nos inspira el Estado, como piedra angular en la construcción del sistema democrático. Sin embargo, ese Estado no es el de la ilegalidad de la vida pública, que en los años pasados afectó a la sociedad en su conjunto, sino el que responde al paradigma del Estado Democrático de Derecho. Como nos advierte Ferrajoli, solo un efectivo pluralismo institucional y una rígida separación de poderes pueden garantizar la rehabilitación de la legalidad en la esfera pública.
No ignoro que hoy el Estado se inscribe en un nuevo capitalismo con una economía mundializada y dominante que transforma su rol, y hace emerger situaciones de inseguridad social que afectan a la Universidad Pública de manera directa e indirecta. La institución afronta crisis que conocemos, algunas no son nuevas, ni locales; entre ellas las transformaciones que se operaron sobre y con el Estado, colocándolo en dificultades fiscales que determinaron recortes presupuestarios, desinversión en materia educativa, y ataques a la autonomía universitaria.
Esas crisis están emparentadas con otras que no podemos desconocer porque afectan particularmente a esta universidad enclavada en el conurbano bonaerense, donde el deterioro de la calidad de vida de la comunidad es un dato de la realidad y una amenaza concreta. Concientes de ello, gestionaremos de cara a la crisis y con los pies sobre la tierra; aceptaremos los riesgos porque sabemos cuáles son los objetivos que queremos alcanzar; utilizaremos el diálogo sin que nos quite tiempo para la acción, y buscaremos el equilibrio entre ésta y la reflexión.
Recordamos, por si hiciera falta, que las universidades públicas de inspiración europea, nacieron íntimamente ligadas a problemáticas sociales, entre ellas la codificación del derecho; sin olvidar la historia y el compromiso de continuar vinculados a esas problemáticas, analizaremos la forma de participar en las soluciones regionales que estén a nuestro alcance, con una mirada más próxima a América Latina y particularmente a nuestro país donde están nuestras raíces.
Permaneceremos muy atentos a la influencia de ciertos discursos que se estructuran con conceptos difíciles de rechazar; mensajes que incorporan palabras tales como calidad, eficiencia, flexibilidad y que, en realidad, enmascaran una visión destructiva de la Universidad, que es funcional al descrédito de la educación pública que pretenden instalar.
Como egresado de esta universidad, me siento en deuda con ella y con su transformación que merece tener una continuidad y un recorrido que imagino en línea ascendente hacia un proyecto de mejora continua. Este sentimiento se refuerza en esta Facultad que soportó críticas y descréditos propios y ajenos; la experiencia nos dice que solo es posible responder a esos ataques con conocimientos, madurez, responsabilidad, honestidad y trabajo.
Parte de nuestro desafío es pensar y actuar de manera crítica para desmontar esas veladas intenciones. Pretendemos calidad y no nos conformaremos con retener alumnos y docentes; seremos capaces de proporcionarles las mejores condiciones que estén a nuestro alcance para el aprendizaje, la enseñanza, la investigación y la extensión.
Con hechos concretos de calidad, trabajaremos para acreditar la carrera de grado; alcanzaremos así otra etapa en la madurez institucional de la que da cuenta este acto, y consolidaremos nuestro proyecto apoyándonos en los cimientos que nosotros mismos levantamos con esfuerzo.
Dan cuenta de ese empeño el programa de alfabetización jurídica, el consultorio jurídico gratuito que permiten extender los conocimientos y ponerlos a disposición de los sectores que reclaman y necesitan el respeto de sus derechos; los convenios de cooperación con entidades públicas y privadas, con las entidades profesionales cuyos colegiados cursan nuestros posgrados; las líneas de investigación que han satisfecho los procesos de evaluación externa.
No entendemos el proceso de acreditación como un mero trámite que es preciso cumplimentar; se trata de una tarea ardua en la que todos debemos intervenir desde cada cargo y puesto de trabajo; es una etapa cuyo resultado depende fundamentalmente de nosotros y en la que quedamos comprendidos de distinta manera.
Tal como la entendemos, la acreditación confiere al título un valor adicional al que les es inherente; se trata del valor que indica que, ninguna otra instancia externa a la Universidad, puede arrogarse la legitimación de ese título; es la academia la que puede y debe velar por la responsabilidad que implica otorgar un diploma y, en ese mismo acto, habilitar el ejercicio profesional; esa responsabilidad se gesta desde el ingreso del alumno a la Universidad, hasta el preciso momento que ponemos en sus manos el diploma. Los colegios profesionales pueden participar de los procesos, es muy saludable que lo hagan; en su carácter de grupo de pares, sus miembros se hacen necesarios en nuestras aulas, colaborando en el diseño de planes y programas, haciendo uso de todos los canales que están abiertos y que esta Universidad no obstruye; los pares debieran estar presentes en los procesos, porque si sólo se ocuparan del producto, caerían en el control que se opone al concepto de evaluación educativa. Es imprescindible que recordemos que somos una institución de educación superior, ello implica observar estándares de calidad tal como lo hicimos con los sugeridos por el Consejo de Decanos, pero no cederemos ante la presión de instancias que, creadas con propósitos distintos al de educar, tomen a su cargo funciones que legalmente nos corresponden.
Para mejorar los procesos de aprender, debemos mejorar los de enseñar; la formación de los graduados está vinculada con esos procesos que serán tomados en cuenta para la acreditación. Esto supone aceptar que enseñar Derecho es bastante más que conocer la propia asignatura, la profesión o la función judicial; enseñar para que otro aprenda, es comprender cabalmente que ser docente es una profesión en sí misma, que requiere conocimientos y habilidades específicas, formación y acompañamiento durante el ejercicio y, por encima de todo ello, subordinación al conocimiento científico. Debemos honrar con trabajo, compromiso, sabiduría, honestidad y transparencia, el privilegio de ser Profesor; de esta honra y de estas cualidades dan cuenta nuestros docentes día a día.
Acreditar, también demandará capacitación permanente del personal no docente para que su tarea sea efectiva y se constituya en el soporte de las funciones sustantivas de la Facultad, con una formula infalible: pensar y sentir que la solución de los problemas comienza cuando cada uno se asume como parte del ellos y, a la vez, como factor de solución.
Reforzaremos diariamente el carácter de bien público de la educación y no consentiremos que el sujeto humanista ceda paso al consumidor adquisitivo y competidor, para quien aquella es un bien de consumo.
Como Facultad de Derecho, pensaremos cómo contribuir a que la sociedad recupere la confianza perdida en las instituciones en general, en la justicia en particular y hasta en el sistema democrático; es necesario auxiliar la crisis de valores, de esperanza; la enseñanza del derecho es un medio privilegiado para reconstruir lo que hemos perdido, estamos a tiempo.
Precisar las metas respecto de la calidad de la educación universitaria, es pensar en la distribución equitativa de oportunidades para aprender; cumplir con los derechos elementales reconocidos constitucionalmente; esto demanda identificar los factores que determinan la desigualdad y los bajos niveles de logro educativo de los estudiantes que provienen de poblaciones empobrecidas económica y culturalmente.
Adoptaremos un estilo de administración y gestión universitaria respetuosa de nuestra concepción de calidad que no se reduce a la cantidad de egresados, volúmenes en la biblioteca, metros cuadrados de los edificios, equipamiento, etc., como únicos indicadores válidos en procesos de evaluación. En cambio, nos detendremos todo lo que sea necesario para comprender la naturaleza de nuestras debilidades y fortalezas, los problemas, los logros; defenderemos las causas que trascienden la inmediatez y lo cotidiano para adentrarnos en las ideas fundamentales; tendremos presente el consejo de los Grandes, entre ellos, a quienes como Leopoldo Marechal pudieron militar, también, a través de la poesía.
"No vaciles jamás en la defensa o enunciación o elogio de la Verdad, del Bien y de la Hermosura: son tres nombres divinos que trascienden al mundo y es fácil deletrear su ortografía. No los traiciones, aunque te hagan polvo”
No nos quedaremos anclados en la nostalgia de lo que no se hizo o se hizo mal porque estamos a tiempo de concretarlo, o repararlo, según corresponda. Gestionaremos el presente con vistas al futuro.
Por la responsabilidad que implica conducir una institución educativa de nivel superior, debemos conocer lo que ocurre en el mundo. Sin embargo los problemas globales no acallan otros específicos de la región. Aun cuando América Latina crece y algunos países como el nuestro, evolucionan macroeconómicamente de manera favorable, los pobres siguen siendo muchos. Observaciones como la del Maestro Luigi Ferrajoli no pueden ser desoídas
“…la humanidad nunca ha sido tan igual en el plano jurídico formal y tan desigual en el plano material (…) Existen más de mil millones de personas que viven en condiciones de absoluta indigencia. Esto debe leerse como un hecho moralmente inaceptable, pero también como el signo de una ilegitimidad jurídica profunda”
La diversidad y el pluralismo crecientes le adicionan una tarea a la universidad: desarrollar un modelo comprensivo de las diferencias. La pedagogía crítica y la educación en valores son excelentes plataformas para el diseño de ese modelo porque establecen las condiciones para la discusión y el diálogo respetuosos, en condiciones de igualdad. Este es otro componente de nuestro desafío.
Para que la educación contribuya a la construcción de una sociedad mejor es necesario que sus instituciones incrementen las posibilidades de conseguir aprendizajes similares en todos los alumnos; esta Facultad hace tiempo institucionalizó acciones en ese sentido, profundizaremos, diversificaremos e innovaremos esas intervenciones.
Están presentes en nuestro proyecto institucional los Centros de Extensión Universitaria; al nombrarlos en este acto, dejamos sellado el vínculo que une a esta Facultad con distintas geografías, hermanándose en una realidad innegable: afianzar el derecho de enseñar y aprender.
Creemos en la necesidad de construir utopías para volver a soñar; recuperar elementos de la educación moderna y darles un nuevo sentido; esta tarea requiere un andamiaje que esta Facultad continuará construyendo y que hoy se materializa en el COF; en las acciones que se derivan de él a partir del diagnóstico, por ejemplo los cursos que apuntalan el proceso de comprensión e interpretación de textos académicos; el Programa de Tutorías; los Cursos de Pedagogía Universitaria destinados a los docentes; programas que se implementan sin apoyo presupuestario extra, pero que cuentan con el compromiso de los actores que participan en ellos.
La Escuela y la Universidad perdieron hace tiempo el monopolio de la enseñanza; quizá no serán siempre tal como las conocemos hoy, pero la educación y las instituciones que se dediquen a ella, continuarán teniendo un papel fundamental: garantizar un derecho.
Somos concientes que ningún plan de estudios puede reflejar los cambios con la misma rapidez con la que se originan; mucho menos aun trasladarle a los docentes la responsabilidad de comprenderlos en soledad; sin embargo producir y distribuir conocimientos, junto con la función docente, es propio de la Universidad y por eso mismo no podemos, ni queremos delegarlo.
Para dimensionar los desafíos que nos esperan basta mirar el mundo del trabajo y de las profesiones; nos escolarizamos para insertarnos productivamente y esa inserción hoy está atravesada por los valores del mercado que consideran la alta rotación y la flexibilización como indicadores de eficiencia; formamos personas cuyo carácter es afectado profundamente y a diario por las condiciones laborales, no desconocemos esa circunstancia. El sistema de pasantías que administramos inserta a los alumnos en ámbitos reales de trabajo y hace coincidir dos aspiraciones de nuestros jóvenes: estudiar y trabajar.
En tanto se libran otras luchas individuales y colectivas, habrá que fortalecer habilidades para la actualización permanente de los estudiantes, de los graduados, de los docentes y la propia.
La mayoría de los países de Ibero América inició en las últimas décadas del siglo XX, procesos de reforma educativa tendientes a mejorar la calidad y promover la equidad en la distribución de las oportunidades; estos movimientos reformadores colocaron los sistemas educativos en dificultades y contradicciones. En nuestro país, el cambio más reciente fue la sanción de una nueva ley de educación nacional. Sabemos que los resultados que se alcancen en la escuela primaria y secundaria no nos son ajenos porque esos alumnos serán los nuestros.
Es estratégico que la administración universitaria conozca y reflexione sobre lo que acontece en los otros niveles del sistema, porque el proceso de toma de decisiones se basa en la información. La gestión requiere planificar, porque los proyectos que se planifican son los que tienen mayores posibilidades de ser alcanzados; el planeamiento será la herramienta básica de nuestro trabajo: anticipar el futuro deseable es una condición necesaria para realizarlo.
En síntesis, nuestro desafío implica:
- Ratificar con hechos la igualdad de oportunidades, sobre la base del respeto a las diferencias de todo tipo.
- Promover en los estudiantes el compromiso ético por la justicia y la igualdad de oportunidades, desarrollando actitudes de solidaridad, respeto y responsabilidad con los otros.
- Promover en los docentes la investigación jurídica pero también la que indague sobre su propia intervención en el proceso de enseñar.
- Impregnar de cooperación y de responsabilidad las relaciones sociales hacia adentro y hacia fuera de la Facultad.
- Profundizar la inserción de la Facultad en la comunidad.
- Recuperar los aspectos que no pudieron ser totalmente cumplidos en gestiones anteriores, proyectar procedimientos que garanticen la continuidad y las mejoras imprescindibles.
- Advertir la necesidad de la búsqueda de una ciencia nueva, capaz de pensarse a sí misma, indisolublemente ligada a la ética y cuidadosa de los valores que el hombre no puede perder.
- Integrar a los equipos de trabajo a las personas cuyos conocimientos, habilidades y actitudes nos permitan concretar y/o mejorar los proyectos.
- Administrar el tiempo de manera inteligente de modo tal que los eventos se sucedan en orden a lo planificado; no habrá lugar para la improvisación auque sí para la creatividad y la innovación.
- Sostener la utopía para orientar hacia ella las transformaciones, sin desconocer la realidad que nos rodea.
- Formar buenas personas y ciudadanos críticos en el sentido que lo pensaba Aristóteles:
“Formar ciudadanos es formar gobernantes, porque en una democracia todos gobernamos. Los políticos son aquellos a quienes nosotros les mandamos mandar. Pero en una democracia todos somos gobernantes”.
Nada de lo que proyectamos está exento de errores, aun cuando daremos continuidad al proceso de evaluación, reconsideración y rectificación que nos antecede, sabemos que equivocarnos es una alternativa que es preciso considerar.
Decidiremos con firmeza, porque en el proceso de decidir escucharemos todas las voces que democráticamente se hagan escuchar.
No ocultaremos el carácter fuertemente político de nuestros propósitos, porque la educación es una cuestión política; en este sentido recuerdo el pensamiento de Arturo Jauretche:
“…El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la técnica universalista la preocupación de las necesidades de la comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional".
He dejado voluntariamente para el final el reconocimiento para el grupo de trabajo del que formo parte; tareas y responsabilidades como las que nos ocupan, son imposibles sin la presencia diaria de otros que comparten la visión; superamos el individualismo y la soledad para operar como un equipo; dejamos de ser una sumatoria de sujetos para ser una integración de personas; pero es legítimo reconocer que esto no hace más que ensanchar la mirada y, conforme las gestiones transcurren, la esfera de nuestros sueños se hace más voluminosa.
Hace más de 300 años, un filósofo escribió, "nada es más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado"; la idea de este grupo, tiene ese poder y llegó a tiempo para quedarse; para que se concrete convoco a los aquí presentes a unir nuestras voluntades, fortalecer nuestro compromiso y trabajar duro para seguir consolidando ésta que es, nuestra Casa, en la que nos queda mucho por hacer.
Muchas gracias. |