Entrevista a Alex Freyre: A 12 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario

Entrevista a Alex Freyre: A 12 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario

Hoy se cumplen 12 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618). Hito en la historia nacional y Latinoamericana por ser un firme paso adelante en la búsqueda de la igualdad de los derechos de todas las personas y en generar un debate, tanto político como judicial, sobre la aplicación de Leyes que realmente repercutan en la sociedad.

Si bien es recordado el momento en que el Senado votó a favor y quedó la Ley establecida, el motor de dicho debate se generó unos años antes, cuando militantes por los derechos del colectivo LGBTIQ+ buscaron incansablemente ser reconocidos/as por la justicia nacional.

Al respecto, la Facultad dialogó con Alex Freyre, protagonista del primer matrimonio entre personas del mismo sexo en el país y en toda la región. Su compromiso con la causa, y el de su pareja, logró llevar la problemática al debate social y a la exigencia de una Ley que evite, desde ese momento y en el futuro, que las parejas deban atravesar las mismas dificultades. Él relató su historia y remarcó la importancia de la lucha.

¿Cómo comienza la lucha y la militancia por la igualdad de derechos?

Las personas homosexuales sufrimos aún hoy un genocidio a escala global, por lo menos de dos mil años de historia. Porque nos persiguen, asesinan, eliminan de la historia, intentan modificar quiénes somos con tratamientos psiquiátricos. La propia Organización Mundial de la Salud hasta 1990 decía que éramos enfermos, y ese paradigma científico se construyó en el marco de un paradigma cultural. En ese contexto, en nuestro país, hasta hace muy poquito atrás existieron Leyes criminalizantes de la homosexualidad y el travestismo, con arresto, con cárcel. Yo personalmente fui arrestado 19 veces entre mis 16 y 19 años por esos edictos policiales, por ser contestatario a esos edictos, porque si uno es un homosexual de clóset no pasaba nada.

¿Sentiste que había un desprecio social?

Los medios de comunicación lo reflejaban. Con un lenguaje muy violento, una descripción de nuestro colectivo con palabras como amorales, invertidos, sodomitas. Si uno ve los diarios de la época reflejan eso. Yo no conté con referentes homosexuales que me hablaran desde los medios, al revés, todos los homosexuales actores, periodistas políticos, deportistas, estaban todos en el placard. Salieron masivamente en los últimos años, incluso después del Matrimonio Igualitario.

¿Cuál fue el punto de inflexión?

Con el devenir de mi vida, y cuando me infecté con el virus del VIH, empecé a militar muy activamente. No había ni siquiera medicamentos para combatir el VIH en 1991, o sea, estamos hablando ya de hace 31 años que sé que tengo VIH y en esa época no solo a los homosexuales en general nos perseguían, sino a las personas con VIH en particular.

¿La discriminación acorta las posibilidades?

Un niño homosexual que crece en ese tipo de contextos no puede imaginar en la realidad ser feliz, menos construir una familia, considerar que su vínculo con otro varón es también familia y que puede tener hijos/as. Hay gente que, además, transita la identidad homosexual al mismo tiempo que va gestionando salir de la identidad heterosexual y, en esta transición, tal vez tiene una novia o se casa y tiene hijos/as y después resulta que vive su vida homosexual, pero ya con hijos/as. O sea, los homosexuales podíamos tener hijos/as, lo que no podíamos era casarnos.

¿Cuándo nace la idea del matrimonio igualitario?

Una vez que empezamos a pensar en estos derechos de segundo grado. Como el derecho económico, el derecho a formar una familia, a heredar, el derecho a que, si esa familia se disuelve y se contrajeron compromisos como por ejemplo con niños/as, que ambos padres o madres tengan responsabilidad, obligación y derechos sobre esos niños/as.

¿Cuál es un antecedente a la Ley?

En el 2003 en la ciudad de Buenos Aires se aprobó la Ley de Unión Civil, que fue una conquista, pero también fue un riesgo.

¿Por qué?

Fue un avance, y los avances son así, de a poco.  Pero una mala Ley es peor que la falta de una. A veces las mismas ponen un techo de cristal a un sueño colectivo, no por ser malas Leyes, sino por conformar y no ir por más. Obviamente la Ley de Unión Civil para cualquier pareja heterosexual es normal, pero para los homosexuales era la única que nos daban y de ninguna manera nos garantizaba el acceso a los derechos que vienen con el derecho del matrimonio, como a la herencia, compartir la obra social, tomar decisiones sobre la vida de tu pareja. Por ejemplo, si estaban en terapia intensiva nuestros novios, nosotros no podíamos ni entrar, la familia nos expulsaba y no teníamos derecho ni a opinar ni a ir al velorio. Yo ya he visto mucho de eso en mi vida, me indignó.

¿Cómo comienza la militancia por la Ley de matrimonio igualitario?

En el 2005 conocí a José María en una asamblea de personas con VIH. Cuando estábamos decidiendo nuestro plan estratégico para todo el año, nos vimos y nos gustamos, nos besamos toda la asamblea. Juntos decidimos ir por la conquista del matrimonio como derecho. En el 2005 fui a un encuentro LGBT que se hizo en Rosario. Ahí trazamos una estrategia a nivel país y empezamos a pelear por la Ley de Matrimonio Igualitario.

¿Cuál era la estrategia?

Había que ir al Registro Civil, intentar sacar turno y documentar un acta con un escribano sobre el rechazo para obtener una prueba e iniciar un recurso de amparo. Todo eso significa construcción de ciudadanía plena, o sea, construcción propia de que somos ciudadanos plenos y que merecemos que el Estado lo reconozca. Era previsible el rechazo, teníamos que demoler el sistema cultural antes que al sistema jurídico, porque la justicia también es parte de un sistema cultural. Entonces esas parejas que encontraron una negativa en los Juzgados de Primera Instancia y en los de Segunda Instancia empezaron a llegar a la Corte, pero los tiempos son laxos. Dijimos “acá tenemos un problema con nuestra estrategia”, ya que nuestras acciones no encuentran eco en la sociedad y en la justicia.

¿Qué pasó tras los rechazos?

Creo que no lograba enamorar la idea de que si uno lo reclamaba casarse era posible, y que otras parejas, de las cuales éramos intuitivamente conscientes que había decenas de miles en el país, estén convencidas de que era posible dar una lucha semejante. Vivían la vida que podían, había parejas con hijos/as, gente que se quedaba en el camino esperando.

¿Cuándo fue el paso que dieron como pareja ustedes?

Para el 2008 teníamos unos años juntos y dijimos, bueno, vamos nosotros. Reuníamos unas características particulares, primero éramos varones, gays de clase media más o menos, con todos los dientes, como el estereotipo que le dicen ahora “varones CIS”. En ese momento era casi lo aceptado. Fuimos al Registro Civil a sacar turno a sabiendas de que nos lo iban a negar. La diferencia con las otras parejas que lo habían intentado hasta ese momento es que nosotros fuimos al Juzgado de lo Contencioso Administrativo, porque son tribunales más jóvenes en la ciudad de Buenos Aires. En lo particular eran tribunales de conformación bastante recientes. Luego presentamos el recurso de amparo, que sabíamos que iba a ser negativo.

 ¿Quién les permitió casarse?

En el 2009 cuando la jueza Gabriela Seijas falló se transformó en una gran noticia. Además, el Gobierno de la Ciudad no apeló y eso también fue un paso enorme en la repercusión. Pero luego volvieron a negarlo. Entendimos que los juzgados dependen de la gobernación. Con nuestra abogada, Carolina Von Opiela, obtuvimos una respuesta favorable de la gobernadora de Tierra del Fuego, que se había expresado públicamente a favor. Viajamos escondidos a Ushuaia. Nos casamos el 28 de diciembre del 2009 y nos transformamos en el primer matrimonio de personas entre personas el mismo sexo de toda América Latina y el Caribe.

Poco menos de un año después, en el 2010, la Ley fue votada y a partir de ese momento en todos los registros civiles del país las parejas del mismo sexo pudieron casarse y gozar de los derechos y obligaciones que el matrimonio tiene.

¿Qué crees que cambió la Ley?

Es una Ley que, por las implicancias de Ley de inmigrantes modificada por Néstor Kirchner, generó que cualquier pareja del mundo que quiera casarse lo haga. Argentina es el único lugar que les reconoce el derecho a formar una familia aun sin renunciar a su identidad ciudadana y siendo turistas. Y no es una perspectiva turística, es un derecho de exportación. Cuando dos personas vienen, se casan y vuelven a su país, que muchas veces está prohibido, pueden dar ese litigio para que se reconozca. Nos dio también el reconocimiento a adoptar en forma conjunta, a compartir la obra social, cumplir deberes y obligaciones como padres y el derecho a divorciarnos.

¿Y para ustedes?

Hoy ya nos guardamos para nosotros el análisis de lo bien que hicimos y, por supuesto, lo bien que salió.